Hadrones
En temporada de migrañas venimos abriendo pequeñas ventanas hacia libros relacionados con Córdoba, ya sea hecho por cordobeses o bien hechos en Córdoba, en editoriales locales.
Hasta ahora la mayorÃa han sido de poemas, la poesÃa cordobesa que quizás antes no se habÃa cruzado en nuestro camino. Pero hoy quiero hablarles de un libro de cuentos, de historias mejor dicho.
Quiero hablarles de Hadrones, de Diego Vigna.
Primero voy a hacer una pequeña introducción casi técnica: hace unos años se propago mundialmente una noticia aterradora: el fin del mundo podÃa hacerse realidad gracias a la fÃsica. Esto es gracias al Gran colisionador de hadrones -que la prensa llamo la máquina de Dios, para que los términos cientÃficos no nos hagan olvidar que esa cosa puede convertir todo lo que hacemos y tenemos en poco más que nada.
Y la verdad que esta idea es bastante más aterradora que las profecÃas mayas, los apocalipsis religiosos o los nostradamus por millón, ya que nuestra vida cotidiana y nuestro concepto de verdad está muy marcado por la ciencia nos mete mucho más miedo que un fÃsico nos cuente que el fin del mundo es algo más que posible.
Sigo con la explicación: un hadrón es una partÃcula sub atómica, es decir más chiquita que un átomo, y el gran colisionador de hadrones es una maquinota tremendamente grande con un túnel subterráneo que atraviesa un par de paÃses. En ese túnel y con esa máquina los cientÃficos hacen que estas partÃculas vayan a velocidades altÃsimas y choquen entre sÃ. Para aquellos que crean que cosas tan chiquititas como los protones no pueden hacer mucho daño les recuerdo que una de las palabras más temidas en Japón por estos dÃas fue “atómica”, y un átomo es una cosita bastante chiquita también.
La cosa con estas partÃculas es que todo está hecho de ellas, están en todos lados.
Y resulta que cuando estas partÃculas chocan entre sà producen grandes cantidades de energÃa y dicen algunos detractores de la máquina de Dios que también podrÃa causar pequeños agujeros negros que se tragarÃan al mundo, asà sin más ni más.
Todo esto que acabo de explicar de manera tan torpe y rudimentaria es la sombra que se cierne sobre las historias de el libro “Hadrones”, en particular de la última historia, pero desde luego no es lo fundamental: el gran colisionador es una manera un poco mas cientÃfica de imaginar un apocalipsis y al mismo tiempo este apocalipsis, este fin del mundo, no es otra cosa que una manera concreta de pensar a la muerte en sÃ.
Pero no solo la muerte como algo abstracto sino todas las muertes: la muerte final y absoluta, de todo un planeta, la muerte personal, definitiva y también la muerte diaria, las mutaciones, las crisis, la muerte la de las cosas mÃnimas: los pequeños cataclismos cotidianos.
Son cinco historias, planos detalles sobre personas comunes y corrientes: Un tipo en el aeropuerto de Córdoba, otro que mira un accidente desde la ventana, un chico en viaje hacia su pre adolescencia que pasa unos dÃas en la casa de un amigo, un oficinista enamorado de una compañera de trabajo, un muchacho que pasa un fin de semana con su padre, quien ha formado pareja con una enana, en la vÃspera del fin del mundo.
El libro está dedicado al miedo, y el miedo más fuerte no está en un monstruo enorme y feo: el miedo está en cada cosa que tenemos o que amamos, en la posibilidad de perderlas.
El miedo esta en el cambio, en la desconocida oscuridad, en las posibilidades terribles que todos tenemos en nosotros.
Hadrones es un poco como el vértigo, genera incomodidad y deseo de asomarse, como cuando buscamos el miedo en las pelÃculas, nos dejamos llevar por las historias del libro, viajando hacia catástrofes mÃnimas pero contundentes.
Lean este libro buenÃsimo de Ediciones Recovecos, pregúntense sobre sus propios derrumbes, rÃanse del melodrama que vive en nosotros, preguntémonos ¿Que harÃa en mis últimos dÃas sobre este mundo?
(*) columna "temporada de migrañas" emitida en el programa radial "Sangre de monos"





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