EL AMIGO DE CHARLES DARWIN

¿Qué tienen en común la mayoría de las abuelas, los antiguos trovadores y los borrachos de café?


No, no hablo de las barbas, hablo de las historias. 
Las historias, verdaderas fogatas ante las que reunirnos, están siempre a pedir de boca si se sabe a quién y cómo pedirlas.

Y no se confundan pensando que cualquier medio es lo mismo para contar las historias, ellas disfrutan más de ciertos envases… yo por caso tengo algunos amigos que me cuentan las películas y -lejos de quemarme el argumento- algunas de ellas se ven enaltecidas, al punto de preferir las historias de mis amigos relatando esas películas que los films originales. 
No es de extrañar que se recomiende enfáticamente no ver la película después de leer el libro: las historias bien contadas nos hacen desplegar nuestra imaginación y le pasan el trapo a cualquier producción hollywoodense. 

Nuestro trovador, nuestro borracho, nuestra abuela de esta tarde-noche es Hernán Tejerina, escucharemos del libro “la lengua de los gorilas y otros cuentos” esta historia titulada “El amigo de charles Darwin” 


EL AMIGO DE CHARLES DARWIN
Un biólogo, amigo de Charles Darwin, tenía dos obsesiones en su vida: la defensa de la teoría de la evolución y el amor de Melisa Brown, su vecina de enfrente.

El biólogo cotejaba a su vecina con científico empeño y su vecina lo desdeñaba, metódicamente. Él, sin embargo, volvía a insistir.

Un día, buscando desalentarlo para siempre, su vecina le dijo: “Seré tu esposa cuando cuentes los granos de la arena del mar”. El amigo de Darwin, cegado de amor, puso manos a la obra.

Durante la primera semana el hombre pasaba doce horas al día contando grano a grano la arena del mar. Comía frugalmente y bebía en abundancia. Su sueño era pesado y profundo.

El paso del tiempo acrecentaba el amor del biólogo.

Al mes de haber comenzado su tarea, pasaba 16 horas al día desgranando las playas y el mar.
Casi no dormía, bebía poco, dormía mal.

Meticuloso contaba y contaba. Tomaba un puñadito de arena con una mano y con el pulgar y el índice de la otra iba separando grano a grano y contando, 1.020.004, 1.020.005, 1.020.006. Cuando acababa la cuenta del puñadito de arena, sacaba un lápiz del bolsillo de atrás de su pantalón y anotaba la cifra correspondiente. Embolsaba la arena contabilizada en grandes bolsas negras.

Ciego de empeño y amor, el biólogo se fue apartando de su pueblo y su gente.

Pasaron muchos años. Melisa Brown, su vecina de enfrente, olvidó lo que un día le dijo y se casó con un novio de la infancia. Tuvo cuatro hijos. Fue feliz. Enviudó a los cuarenta.

En el pueblo todos fueron olvidando al biólogo. Su hermana lo olvidó, su padre lo olvidó y Charles Darwin también lo olvidó. En noches de insomnio su madre creía recordar a un hombre desgarbado que desculaba hormigas y se enamoraba de una puta; luego, cuando estaba a punto de recordar el rostro de su hijo, la madre se dormía.

Al día siguiente despertaba desmemoriada.

5.800.003, 5.800.004, 5.800.005. A los tres años de haber comenzado a contar la arena del mar, el biólogo estaba en el África. Le había crecido una barba cerrada y oscura, su andar era bamboleante y la espalda se le había encorvado. La gente que lo miraba en la playa, unas veces veía a un hombre en extinción y otras a un simio excepcional.

Ya no embolsaba la arena que había contado pero nunca contaba dos veces la misma arena.

También el biólogo fue olvidando al mundo. Primero se borroneó su familia y su infancia. Después, olvidó su ciencia y más tarde olvidó a Melisa Brown. Contar arena, en cambio, se le hizo instinto.

Siguiendo el trazo de la arena desanduvo el camino de la tierra al mar. De dos patas pasó a cuatro y luego al reptar primario y más tarde el agua se volvió su elemento.

100.800.001, 100.800.002, 100.800.003.

Para cuando Charles Darwin comenzó a figurar en las enciclopedias, se había cubierto de escamas y contaba un número de 107 cifras.


Cortesía de Editorial eduvim (Editorial Universitaria Villa Maria) para leer más cuentos:
http://www.eduvim.com.ar/archivos/descargas/1275334028_5%20LA%20LUNGUA%20gorilas.pdf


HERNÁN TEJERINA: Nació en 1972, en Corrientes. Pasó su infancia -“una época importante de mi vida”- en Bell Ville, Provincia de Córdoba. Desde los diez años vive en Córdoba. Ha colaborado en la revista La Intemperie y en Gramática y homicidios.


(*) columna "temporada de migrañas" emitida en el programa radial "Sangre de monos"

La vida que se conoce

Quiero hablarles del libro La vida que se conoce de Ceferino Lisboa.

Es un libro editado por Pan Comido Ediciones, grupo de poetas con una mirada muy interesante, con un perfil a veces social, editando independientemente, cosa que no siempre es sencillo. 
La vida que se conoce es una antología personal, con poemas escritos entre 1998 y 2009 y por tanto nos muestra por lo menos un atisbo de la mirada del poeta a través de esos diez años.


Lo primero que me atrajo es el título, La vida que se conoce, por que la vida que conocemos es diferente para cada quien, qué voces habrán tallado en cada uno, qué luces se reflejan en cada cosa que vemos, hasta dónde hemos llegado por decisión o por desidia; la vida que cada quien conoce es tan única como cada uno de nosotros.


Pero la vida que conocemos es diferente a la que se conoce, la vida que se conoce es el sentido común hecho escenario, es la indudable permanencia de ciertas cosas a nuestro alrededor, cada uno, sí, conoce después algo más, una luz distinta bañando las mismas cosas, cada uno se inscribe en ese escenario, trata de interpretar su mejor papel…

Pero la vida que se conoce está siempre allí, es ese terreno cuyos limites y limitaciones – que son parecidos pero no son lo mismo-, cuyas reglas y tiempos han sido marcados por cosas ajenas como el estado, la historia, y eso que llamamos con tanta naturalidad “todos”. 

Dice en el poema Colonia Lola escrito a fines de los noventa 



Haber nacido en un barrio
donde la violencia es un modo de socializar
no me hace un tipo muy feliz
ni desconozco la alegría
-pequeño terreno que cultivo-.
Uno no puede resignarse a morir
en un barrio como este, escucho;
ni dejar de pensar que otro lugar
sería una respuesta, dicen;
se consiguen amigos con las más diversas
inclinaciones
y con un amor por las cosas
que nace de no haberlas tenido.
El deseo es un sentimiento
que nutre variadamente
el apetito de estos hombres
y los define.
Las diferencias, las reglas
las buenas maneras
importan, no lo duden,
pero siempre depende con quien
se está hablando.
El barrio o país, su gente,
conviene en hacer de nosotros
hombres fuertes, cabizbajos,
rumiantes, bueyes de tiro,
blancos móviles.
Los disparos de armas de fuego
al aire
hablan de las tristezas
y las alegrías
dibujan en el oído oficial
los índices más inexplicables.


Es en esta vida que se conoce, en esta maquinaria heredada y en movimiento, donde siguiendo el curso de un río mayor cada hombre intenta forjar su propio curso. 
Se intentará convertir entonces lo amargo en dulce con la herramienta que encontremos más afín a nuestra alma, a veces será la música, a veces el martillo, el movimiento, la harina, el juego, la palabra. 

Dice en el poema Almíbar escrito casi 10 años después 


No deseo para mí
si no lo que he ganado.
Agradecido por el aire gratuito
y las palabras al cruce
me inclino
ante el encuentro esperado
y confiado en una fuerza
entrego mi testimonio:
Acciones aisladas, palabras disueltas
en la boca

que mas puedo agregar a esas palabras, sino el deseo para cada uno de poder encontrarse en una herramienta, un oficio, en un algo afín al alma que nos deje por lo menos en una sinfonía mayor, interpretar nuestra propia música.

(*) columna "temporada de migrañas" emitida en el programa radial "Sangre de monos"

Hadrones

En temporada de migrañas venimos abriendo pequeñas ventanas hacia libros relacionados con Córdoba, ya sea hecho por cordobeses o bien hechos en Córdoba, en editoriales locales.

Hasta ahora la mayoría han sido de poemas, la poesía cordobesa que quizás antes no se había cruzado en nuestro camino. Pero hoy quiero hablarles de un libro de cuentos, de historias mejor dicho.
Quiero hablarles de Hadrones, de Diego Vigna.

Primero voy a hacer una pequeña introducción casi técnica: hace unos años se propago mundialmente una noticia aterradora: el fin del mundo podía hacerse realidad gracias a la física. Esto es gracias al Gran colisionador de hadrones -que la prensa llamo la máquina de Dios, para que los términos científicos no nos hagan olvidar que esa cosa puede convertir todo lo que hacemos y tenemos en poco más que nada.

Y la verdad que esta idea es bastante más aterradora que las profecías mayas, los apocalipsis religiosos o los nostradamus por millón, ya que nuestra vida cotidiana y nuestro concepto de verdad está muy marcado por la ciencia nos mete mucho más miedo que un físico nos cuente que el fin del mundo es algo más que posible.
Sigo con la explicación: un hadrón es una partícula sub atómica, es decir más chiquita que un átomo, y el gran colisionador de hadrones es una maquinota tremendamente grande con un túnel subterráneo que atraviesa un par de países. En ese túnel y con esa máquina los científicos hacen que estas partículas vayan a velocidades altísimas y choquen entre sí.


Para aquellos que crean que cosas tan chiquititas como los protones no pueden hacer mucho daño les recuerdo que una de las palabras más temidas en Japón por estos días fue “atómica”, y un átomo es una cosita bastante chiquita también.


La cosa con estas partículas es que todo está hecho de ellas, están en todos lados.
Y resulta que cuando estas partículas chocan entre sí producen grandes cantidades de energía y dicen algunos detractores de la máquina de Dios que también podría causar pequeños agujeros negros que se tragarían al mundo, así sin más ni más.




Todo esto que acabo de explicar de manera tan torpe y rudimentaria es la sombra que se cierne sobre las historias de el libro “Hadrones”, en particular de la última historia, pero desde luego no es lo fundamental: el gran colisionador es una manera un poco mas científica de imaginar un apocalipsis y al mismo tiempo este apocalipsis, este fin del mundo, no es otra cosa que una manera concreta de pensar a la muerte en sí.
Pero no solo la muerte como algo abstracto sino todas las muertes: la muerte final y absoluta, de todo un planeta, la muerte personal, definitiva y también la muerte diaria, las mutaciones, las crisis, la muerte la de las cosas mínimas: los pequeños cataclismos cotidianos.


Son cinco historias, planos detalles sobre personas comunes y corrientes: Un tipo en el aeropuerto de Córdoba, otro que mira un accidente desde la ventana, un chico en viaje hacia su pre adolescencia que pasa unos días en la casa de un amigo, un oficinista enamorado de una compañera de trabajo, un muchacho que pasa un fin de semana con su padre, quien ha formado pareja con una enana, en la víspera del fin del mundo.


El libro está dedicado al miedo, y el miedo más fuerte no está en un monstruo enorme y feo: el miedo está en cada cosa que tenemos o que amamos, en la posibilidad de perderlas.

El miedo esta en el cambio, en la desconocida oscuridad, en las posibilidades terribles que todos tenemos en nosotros.




Hadrones es un poco como el vértigo, genera incomodidad y deseo de asomarse, como cuando buscamos el miedo en las películas, nos dejamos llevar por las historias del libro, viajando hacia catástrofes mínimas pero contundentes.



Lean este libro buenísimo de Ediciones Recovecos, pregúntense sobre sus propios derrumbes, ríanse del melodrama que vive en nosotros, preguntémonos ¿Que haría en mis últimos días sobre este mundo?


(*) columna "temporada de migrañas" emitida en el programa radial "Sangre de monos"


Tere Bin Laden (Sin Bin Laden, Comedia)

aprovechando el momento les acerco una peli, Tere Bin Laden.(comedia)

trata sobre Ali Hassan, un joven periodista paquistaní, que luego de varios intentos fallidos de emigrar a Estados Unidos, país que lo deportó en 2001,concibe una brillante pero ingenua idea para obtener el dinero que le permitirá cumplir su “sueño americano”...

esta hecha en clave de humor, en un tono similar a bollywood, divertida.
es lo primero que se me vino a la cabeza cuando dijeron que Bin Laden estaba muerto, pero que -sospechosamente- no tienen cuerpo.

si les molesta el tamaño le dan un par de clics sobre el video y lo abre aparte a pantalla completa.

eso. esto no es la gran cosa, pero no tengo nada mejor que decir.





Rocamora

“Pinta tu aldea y pintarás el mundo”. La frase esconde tanto de verdad como de mentira: Es cierto que en lo particular, en lo local, en esa aldea, se esconden las mismas cosas esenciales que en otras ciudades y aldeas, esas marcas universales, cosas que tenemos en común con esos otros, aunque nuestro color, idioma, historia y forma de vestir sean distintos.
Cosas como nuestra humanidad.


Pero también es cierto que no es lo mismo estar acá que allá.
La historia, el entorno, el paisaje, todo lo que está junto a nosotros hora a hora contribuye a nuestra manera de ver el mundo, y por tanto a nuestra forma de vivirlo.


En el libro “Rocamora” de Alejo Carbonell ese paisaje no sólo es ineludible, sino también indispensable.
El autor de este libro no mira el paisaje, está atravesado por él y también lo está el libro.
No es un paisaje estanco, univoco y absoluto, son las calles de Córdoba o de Entre Ríos, es el río de allá, ese que acá en las sierras chicas no imaginamos: un río de cincuenta cuadras de ancho, en la frontera de un país, un río casi horizontal, profundo, navegable.
Un río constante que no muere en ninguna estación del año, que no pasa de cero a 100, primero hilito y después creciente. No, es un río grande, vivo, tanto que tiene en cierto modo entidad propia, crueldad, bondad, furia.
dice en un fragmento del poema titulado “El río que conozco”:


conocí a alguien
que paso la navidad
abrazado a una boya
justo en la línea de guiones
que en un mapa señala la frontera
la ciudad tomando sidras económicas en los patios
el bote hundido
la boya en movimiento
pino oxidado a merced de la agitación ajena.


Es un río vivo.


Tanto que es casi un símbolo de otros ríos diferentes: una calle; una vida -desde la madurez de una señora, a la niñez, a la madurez de nuevo- el tiempo, la política, un viaje en bicicleta –fluido y esforzado a la vez-, el clima, la gente en los barrios o en el centro de una ciudad.
Es un libro que fluye, que hasta parece escrito en movimiento, describiendo el recorrido de esquina a esquina y a la vez de provincia a provincia, de mundo a mundo.


Dice en un fragmento de “Rocamora” el poema que da nombre al libro:


Pasa la bicicleta
rumbo a los barrios del balneario
[…]
muy pocos logran
un movimiento circular
perfecto al pedalear
sin producir un accidente, leve,
cuando el tobillo
arriba
se esfuerza-






Es un libro que fluye como río.
Los invito oyentes a buscar más sobre este libro, Rocamora, y sobre este autor, Alejo Carbonell, que además de ser escritor y editor, es un gestor cultural en Córdoba, es decir que no sólo está creando su obra sino destacando e impulsando la de otros.


Y los invito también a mirar a su alrededor, a esos paisajes que nos configuran.
No hace falta ni siquiera detenerse: dispongámonos a prestar atención a lo cercano como si fuéramos extranjeros, a redescubrir nuestras propias geografías.
Ese paisaje, un paisaje quieto o quizás un recorrido, no nos determina pero nos tiñe, nos empapa
no como una lluvia finita, sino como una tormenta esplendida, ineludible y final.


Más de Alejo Carbonell, su libro en Ed. Recovecos y su editorial Caballo Negro:
http://www.caballonegroeditora.com.ar/
http://caballonegroeditora.blogspot.com/
http://www.edicionesrecovecos.com.ar/alejocarbonell.html


(*) coluna "temporada de migrañas" emitida en el programa radial "Sangre de monos"
http://www.subcodefiestas.com.ar/

Javier Adúriz (1948-2011)


PALABRA DE HONOR

Antes de irme
voy a colgar la ropa 





en una percha.





En “Canción del Samurai”, Ediciones del Dock, 2004.
Javier Adúriz nació el 16 de abril de 1948 en Buenos Aires, falleció hoy 21 de Abril de 2011. Lamentamos mucho la partida de este querido poeta.



La poesía es militancia. La militancia es poesía.

.


http://camiloblajaquis.blogspot.com/

un poema de Camilo Blajaquis:

>Arquetipo de la cosa


No me nieguen que los pechos guardan frio
y que el destino viene cargado
con alta dosis de canibabalismo digital.

A mi no me convencen, esto ya está muerto.

Suburbios con aroma a marihuana
y fragancia a cocaina que te perfora
desde los pomulos hasta los tobillos
pensar que ayer estuve esposado en sus garras
y mi nariz aun tiembla ante su recuerdo.

como asi tiemblo ante un recuerdo que palpita
por pasadas o quien sabe futuras secuencias
mambos donde ser desprolijo era el lema
bosque gris de monoblock
pantanos de pasillo y villerio
ranchadas de los guachos como cuadros en exhibición.

adoro sumergirme adentro mio
abismos desconocidos para el rebaño
inutiles ovejas facilmente manipuladas
si vieran lo hermoso que son estos campos
¿porque le prohiben al ser ser?

detalle particular descubrí la vida
adentro de una celda
rodeado de humedad y oxido cancerigeno

detalle particular
el villero secuestrador se hizo poeta.

los pibes advierten al extranjero
en este ghetto el que viene de afuera
evidencia sus sintomas en una sola mueca
abre la boca cuando ve un fierro
pone cara de asombro al escuchar un berretin

¡extraterrestres, esto es una villa!

o acaso imaginaban un escenario
como el que describen los escritores mamarrachos
en libros de cronicas holliwodenses.

Confusión es lo que nos recibe al nacer
gateamos, tomamos la mamadera y jugamos
en medio de tiroteos y cazeria policial.

Aprendimos más facil a jalar poxirran
que las letras del abecedario.

en cambio los extraterrestres
resumen toda esta cuestionen una mediocre frase
que dice:"ningun pibe nace para chorro"
algo tan obvio transformado en slogan marketinero
que facil es ser una frase...que dificil es ser sensible.

traspirar la casaca, me repitió un dia un amigo
antes que le corten una gamba
después de certeros cuetazos de la gorra

de este lado solo se sale con el arte
o un titulo en cronica o en TN
donde dicen un villero ladron abatido

Across the universe



Dice el poema:


en medio del rocío
soledad
no dice demasiado
que el frío no entre al santuario
invisible planeta enano
se toma
millones de años
para llegar a tu ventana


El libro de poemas Shampú en los ojos de Jorge Naparsteck es pequeño, color crema, tiene este nombre raro que nos remite a ese ardor en la cornea, ese ardor que nos hace cerrar fuerte los ojos, que nos hace llorar para limpiarnos, que nos hace mirar al agua con los ojos abiertos en busca de alivio. Ese ardor que casi nos ciega.
Pero el tamaño del libro es solo un camuflaje y su color también, en él están las frases como concentrados de palabras, cúmulos de intensidad que a veces tardan en llegarnos por completo; como la luz de esas estrellas.


Envuelto en vapor
el paneta gira
sin despertar sospechas
vidas paralelas
ya no se tocan
el silencio baja
como lava opaca
se ensayan rictus
que nadie va a mirar
en la ducha
shampú en los ojos
cada uno en su órbita
la noche toda
es un cortejo de lunas
a caricia del agua
no puede durar.


En principio suena a que el autor de este libro es filósofo, un astrónomo, un astronauta por lo menos, pero es un hombre, acá, en la tierra, en las sierras cordobesas, en Cabana.
Un hombre que levanta la vista al cielo; y allá lejos, a millones de años luz, un otro que mira: un planeta, un ente desconocido, otro hombre, una luz que nos llega después de años de haber nacido.
El libro es el de un hombre en Cabana que mira, y la mirada ya no solo es hacia arriba o al horizonte, descansa en lo diario, a veces en lo milimétricamente cercano.
Entre arriba y nosotros todo: el tiempo, la tierra, el paisaje serrano, la mirada, el cuerpo, los ciclos, el shampú en los ojos que nos hace lagrimear, llorar, y que no encuentra alivio en el agua, pero quizás si en la luz.
Dice en otro poema breve de Shampú en los ojos:


los mensajes del día confirman
todo esta bien
el cuerpo elije resistir.
pronto se da cuenta de que no hay enemigo
parece que es así
con el sol
a ciento cuarenta y nueve millones de kilómetros
hay que agradecer
esta tibieza colgada en la ventana


Hermonos, a través del universo luces nos llegan desde planetas lejanos.
Cuántas son un recuerdo secreto de las que se apagaron, o se desprenden hoy de su fuente natal para viajar lejos, para llegarle a nuestros bisnietos en una noche fría.


A través del universo cada uno de nosotros, un planeta también, un sol en sí mismo, mucho más cercanos, emitiendo luces que bien pueden tardar años en llegarnos.
Agradezcamos oyente, como dice en el poema, esa tibieza colgada en la ventana.




Para leer más de Jorge Naparstek:
http://esatibiezacolgadaenlaventana.blogspot.com/
http://poetasalvolante.blogspot.com/2007/10/jorge-naparstek.html
http://laseleccionesafectivas.blogspot.com/2006/07/jorge-naparstek.html


*"Temporada de migrañas"columna para el programa radial "Sangre de monos" http://www.subcodefiestas.com.ar/

el viento nos amontona

Un hombre es un monstruo raro, mitad árbol mitad pájaro: tiene alas para volar lejos del nido, crecer hacia arriba, en todas las direcciones, raíces para mantenerse firme, nutrirse de la tierra, de todo lo que estuvo en ella antes que él.




Al leer el libro “Cría”, de Laura Pratto, lo primero que es evidente es que se habla desde la hija, la mirada desde abajo que se tiene aun pasados los años cuando se habla con los creadores.
La cría le habla al padre de la sangre, de la especie, mira a su creador, absoluto y humano a la vez; escucha esas voces familiares pero ajenas como familiares y ajenas le son las historias que les cuentan.
Pero no es solo hablarle a un padre casi anciano, porque se le habla al padre de la vida pero también y sobre todo se le habla al padre del idioma, más precisamente de la lengua, esa lengua que se habla en el campo, en la pampa cordobesa, o la lengua de inmigrantes piamonteses; la palabra cerrada en la boca seca; la lengua cotidiana y sencilla, con multitud de refranes, de dichos; la lengua de los pobres, los obreros. Todas las lenguas juntas, filtradas por el tiempo, por los días, para volverse nuestra lengua.
Dice un fragmento del poema:


“Escribí como sonaba
con tal de alargarle
la vida a ese aluvión
De epítetos: esgunfiabale.
badola. balelungue. fulatún.
veschagrama. nifiacul. tumalín.
nunca me saldrán
parecidos a como allá eran
padre y madre en clave
reían en el dialecto se entendían
entre ellos ntranuiaitre a su decir
que dejaba afuera mi saber de oído”


En “Cría” vemos este devenir de la lengua a través de un diálogo tan íntimo, tan personal entre hija y padre, que la situación es casi obscena, nos ponemos la piel de la cría, una piel que no es nuestra pero que bien podría serlo porque todos somos al fin y al cabo hijos, heredando genes pero también miedos y costumbres, una cultura, un idioma.


Oyente, le recomiendo especialmente este libro de poemas de la Editorial Recovecos, pero le recomiendo más aún: esta voz que usted tiene, este idioma, esta lengua: críela, hágala crecer, tome lo heredado y déjelo en el mundo, enriquecido para su cría.




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la persistencia de la memoria

http://dl.dropbox.com/u/8584145/desmemoria.mp3

A cierta hora, un bisabuelo encuentra a su bisnieto. El bisabuelo está completamente chocho (sus pensamientos son del color del agua) y sonríe con la misma beatífica sonrisa de su bisnieto recién nacido. El bisabuelo es feliz porque ha perdido la memoria que tenía. El bisnieto es feliz porque no tiene, todavía, ninguna memoria.



He aquí, pienso, la felicidad perfecta. Yo no la quiero


Desmemoria Eduardo Galeano


La memoria es una de las potencias del alma y esta estrechamente ligada al aprendizaje. Por eso es difícil imaginarse a un pueblo que aprenda si no recuerda.
Leer el libro titulado “Videla”, del gran poeta cordobés Alejandro Schmidt, me deja una gran incomodidad: no es un libro que nos calme, no usa lugares comunes, extorsiones emocionales; no da golpes bajos, no nos deja tranquilos diciendo que estamos haciendo lo adecuado.


Es un libro incomodo.


Incómodo porque el libro está lleno de preguntas. Porque allí el autor parece querer ponerse y ponernos a prueba.
Ponerse en tensión, salirse del lugar común, preguntarse quién soy, que estaba haciendo el 25 o el 23 de marzo del 76, que estoy haciendo ahora, quienes son mis muertos, que estoy pidiendo cuando pido justicia.


Plantearse la dictadura no sólo como algo histórico y político, sino también como algo personal que atravesó la vida de todos los que habitaban y habitan este país, hayan nacido y vivido esa época o no, desaparecidos o no, presos o no, exiliados o no, perseguidos o no, señoras de sus casas o no, enterados de tanta atrocidad
o no.


Es un libro incomodo. Incómodo porque nos dice que Videla también es parte de nosotros, de lo que fuimos, de lo que somos, de lo que queremos o no ser como personas, como país. Parte de nosotros no porque coincidamos sino porque sus acciones, y las de tantos más junto a él, nos han marcado de manera indeleble.


Es parte de nosotros porque es parte de nuestra historia individual y colectiva.


En ese sentido el libro es diferente: no esta escrito desde el centro mismo de las cosas, sino desde el margen; no es un protagonista quien lo enuncia, es un extra que ha visto la escena desde un costado (aunque no desde afuera) y se pregunta ahora quién era y quién es; quiénes éramos para que pasara eso en nuestro país. Quiénes somos ahora, quienes tendremos que ser para que nunca más sucedan estas cosas.


Es incomodo ver ciertas cosas, es verdad, pero tenemos que ponerle el pecho al asunto y hablar de esto, hablar y seguir hablando desde la honestidad más serena y verdadera; hacernos cargo de que el sol no se tapa con un dedo, de que es necesario ver para actuar, de que -aunque no veamos- lo que pasa a nuestro alrededor se nos filtra por los poros, se instala en los cimientos de todo lo que hacemos.


Hablar, reconocer, pensar, hacer.
Recordar.
Y no asistir impasibles a esta escena nunca más.


Seguir el ejemplo de esas que fueron llamadas locas
cuando se negaron a olvidar






*"Temporada de migrañas"columna para el programa radial "Sangre de monos" http://www.subcodefiestas.com.ar/