Riojanito herencia de jarillas soy
Por Chilecito ochando en las acequias voy
Soy misterio que habita en las siestas, yo
Soy el mikilo un duende ladrón
Cuidado Nincolaza no lo vaya a dejar
Al chango en la defensa que lo voy a chuschar
Los tuscales han de ocultar mi silbar
Allá por Famatina, Nonogasta, Anguinan
En los patios descalzo me han visto corretear
Soy diaguita leyenda y divinidad
Poncho yuto sombrero negro oscuro, voy
Con mis pasos ya he desorientado al sol
No hay carrero que evite mi aparición
Y mis manos engañeras son
Región de yacurmanas, huyrapuca y yastay
Junto a los remolinos soy dios del pichanal
Y me nombran en ruedas para asustar
Yo vivo en las leyendas paganas del lugar
Y soy miedo en los changos que no quieren siestear
Soy diaguita leyenda y divinidad.

Hijo
Esta mañana me despertó una voz
que regresaba desde mi infancia.
La voz dice: ''despertate'',
y yo salto de la cama.
Es extraño, toda la noche, en mis sueños
Yo busqué 'ese' bendito lugar
donde mi madre pueda vivir y ser feliz.
''Si querés que enloquezca,
está bien, si ése no es tu deseo,
por favor sacame de acá'', repetía la voz.
Me reconozco único culpable.
Yo la mudé a esta ciudad que odia.
Yo alquilé la casa que odia, rodeada
de vecinos que odia, llena de muebles
que odia.
''¿Por qué no me diste la plata para que yo la gastara?''
''Quiero volver a California, ¡ahora!'', grita la voz.
''Voy a morir si me quedo''. ''¿Vos querés que muera?''
gime la voz.
Esta mañana en el mundo,
no existen respuestas a esta pregunta
ni a ninguna otra.
Suena el teléfono y suena, no deja de sonar.
No me acerco al aparato, tengo miedo de oír una vez más,
la pronunciación de mi nombre.
El mismo nombre que mi padre escuchó durante 53 años.
Antes de abandonarnos en busca de su recompensa.
Murió después de decir: ''llevá estas cosas a la cocina, hijo''.
La palabra hijo emitida desde sus labios,
Tembló en el aire para que todos la oyeran.